
VISION DE TRABAJO!!!
Por Violeta Del Portillo

Cuando el trabajo arrecia se enfunda en su chaqueta de tonos fuertes, se coloca, hacia atrás, su gorra de chamo rebelde y se aprieta bien el cinturón, así, escondido tras la indumentaria del indolente, se engolfa en los mil y un problemas que debe enfrentar como máxima autoridad del segundo estado más importante de Venezuela. No ha sido fácil asumir la Gobernación de Miranda. Ya en sus comienzos debió enfrentar la decadente administración pública que le había sido entregada y reconstruir las bases sobre las cuales levantaría un plan de trabajo fuerte, ambicioso y no libre de riesgos. Al instante, se alzaron sus detractores pero, Enrique Mendoza, no se dejó amilanar y respaldado por un equipo de trabajo bien preparado enfiló las armas hacia los que se vislumbraban como algunos de los años más difíciles de su vida.
Repotenciar el aparato productivo del estado, por ejemplo, a través del impulso dado a la mediana y pequeña industria. Elaborar un plan en educación capaz de codearse con los mejores del mundo, ya suman más de treinta los programas implementados en las escuelas. Construir obras de interés nacional como los que se han ejecutado en materia de vialidad, verbigracia el elevado de Caucagua, la intercomunal Charallave-Ocumare del Tuy o el tramo de la autopista de oriente. Mejorar el nivel de vida de los mirandinos incentivando la participación ciudadana en la consecución de sus propios beneficios, lo que ha redundado en mejoras para los barrios y en la adquisición de vivienda por autogestión.
Optimizar el área de salud a través de la descentralización, que ha permitido la construcción de cientos de ambulatorios y centros asistenciales. Reforzar los cuerpos de seguridad del estado a través de la capacitación de sus funcionarios y de la dotación de vehículos y equipos técnicos modernos. Reivindicar la pesca y la agricultura, proveyendo a sus representantes de todos los implementos necesarios que les permitan ejercer sus oficios con efectividad, son sólo algunos de los logros atribuidos a este hombre de recia estampa. Para Enrique Mendoza, Paternalismo de Estado es un concepto inoperante y en desuso, según él, lo que se estila ahora es la autogestión de las asociaciones de vecinos bien constituidas. Es así como la ciudadanía se organiza para plantearse sus propias metas, las cuales, debidamente presentadas y sustentadas ante los organismos competentes adscritos a la Gobernación de Miranda reciben el visto bueno, y así, comunidad y ente se entroncan en una relación de maridaje que culmina, felizmente, con el logro de las metas.

El año pasado fue, para el gobernador, especialmente difícil. En dos oportunidades específicas debió demostrar su don de mando, la capacidad de su liderazgo y su acierto en la planificación de estrategias que dieran respuestas inmediatas a los problemas que se suscitaron. La primera de ellas tuvo que ver con la creación del Distrito Capital, en cuyo ordenamiento jurídico se contemplaba la separación de los municipios metropolitanos del estado Miranda para dar lugar a la Gran Caracas. Esto significaba desmembrar a la entidad de una parte vital de su territorio, pues es a través de ésta que Miranda obtiene un buen porcentaje de sus ingresos económicos. No bien se presentó la amenaza, el gobernador se armó de entereza para hacer frente a una situación en extremo delicada, ya que ello suponía oponerse a los cambios renovadores que propiciaba el incipiente Gobierno Nacional. Pero Mendoza no se dejó amilanar y tras enfrentar una batalla de largos días dio la estocada final una mañana muy temprano cuando, encabezando una marcha descomunal de cientos de mirandinos indignados, se llegó hasta las puertas de Miraflores para exigir que respetaran la integridad del territorio. Estrategia, un buen manejo publicitario y amor a lo propio fueron los ingredientes que le dieron sazón al triunfo. A finales de diciembre se presentó otro hecho no menos grave aunque sí de distinta naturaleza. Unos meses antes, las Fuerzas Armadas Nacionales y Defensa Civil habían alertado sobre dos fenómenos climáticos, “El Niño” y “La Niña”, que harían cita en el Caribe y afectarían las costas venezolanas. Mendoza toma las precauciones del caso pues sabía que entre los estados que podrían salir afectados estaba Miranda debido a que una buena parte de su territorio está rodeado por el litoral. A comienzos de diciembre empiezan a caer las torrenciales lluvias y causan estragos en Anzoátegui, estado que colinda con Miranda. En éste,la situación empieza a complicarse, principalmente en los municipios Pedro Gual y Acevedo, en donde se presentan severas inundaciones. Sin embargo, el hecho más embarazoso que debió enfrentar Mendoza fue el esbordamiento
de la represa de El Guapo, la cual estaba sobrepasando su capacidad con la crecida de las aguas. Es aquí donde el gobernador pone a prueba su capacidad de dar respuesta inmediata a un caso que lo requería. Una vez informado de la situación, el mandatario regional ordena la evacuación de todas las poblaciones que circundaban la represa. Recuerda Mendoza que no fue fácil ya que se trataba de 15 poblados pero, para el 16 de diciembre, día en que se desbordó la represa, un total de 12 mil personas habían sido llevadas a sitio seguro. Ya entrada la tarde, se liberan 400 millones de litros de agua que corren vertiginosamente creando una ola de más de 14 metros de alto y un kilómetro de ancho. Algunos pueblos desaparecieron para siempre de la geografía mirandina, otros quedaron parcialmente destruidos. Lo que venía después era un trabajo arduo de largos y lentos meses. Se trataba de devolverle la dignidad que otrora había tenido Barlovento. Es así como el gobernador, al mando de su equipo de trabajo inicia la reconstrucción de viviendas parcialmente destruidas. Debido a los desastres de ese diciembre, la subregión se había quedado sin agua, ello implicaba proveer al territorio de agua potable diariamente, por lo que se activan numerosas unidades cisternas provistas del vital líquido. Si con algo contó Miranda en esos difíciles momentos fue con la solidaridad de entes nacionales e internacionales que se abocaron a la causa. Cientos de médicos y paramédicos extranjeros atendieron a los damnificados. La ayuda internacional se manifestó también en la donación de plantas potabilizadoras, en apoyo técnico para la reactivación de la agricultura, donación de alimentos, ropa y medicinas. Fue así como el Gobernador reconstruyó el rostro de Barlovento.

En la actualidad, Enrique Mendoza, continúa realizando la labor social que le sirvió de plataforma para llegar a la Gobernación de Miranda. Un gran acierto de su política ha sido la participación ciudadana, gracias a la cual los mirandinos han visto concretarse cantidad de proyectos que en otros tiempos hubiesen quedado relegados. La comunidad es ahora protagonista en la búsqueda de soluciones a sus problemas. Por ello, está obligada a superarse asistiendo a cursos y talleres que le permitan optimizar su capacidad para la organización y para la administración de los recursos que serán, luego, invertidos en la obra social. A la comunidad, se le debe, en gran parte, la construcción de cientos de ambulatorios, clubes de abuelos, centros comunitarios de recreación, canchas, entre otros. Es, también, la comisionada de procurar el buen estado de servicios como electrificación, limpieza de cañerías, fachadas, asfaltado, construcción de aceras y escaleras en sus sectores. La asociación civil organizada enfrenta responsabilidades como la de rendir cuentas de los recursos que se entregan para la construcción de la obra social. Ella ha sido, en parte, promotora de la descentralización y líder activo en la consecución de sus propios beneficios.

Llueven los problemas en el Despacho del gobernador. Que si se paran los médicos o los maestros o los empleados públicos o cualquier otro ente. Que si no llegan los recursos para pagar las deudas adquiridas. Que si las lluvias inundaron determinado caserío por allá en los límites de Miranda.
Que si una epidemia se desató y está causando desgracias. Que si ha crecido la demanda de personas solicitando viviendas, que si hay que reubicar otras que habitan en lugares que están a punto de desplomarse.
Cuando se juntan todos estos inconvenientes y se suman otros imprevistos, el gobernador suele poner buena cara al mal tiempo y se repite, incesantemente, algo que ya es costumbre oírle decir: “Yo sólo quiero trabajar"
subir
|